Dirección: Alejandro Saderman
Guión: Graciela MaglieAlejandro SadermanElenco:Rodolfo MederosMarina Gayotto
Origen: Argentina/VenezuelaAño: 2007
Duración: 82min.
La joven bandoneonista Marina Gayotto, que se gana la vida tocando en buses y trenes subterráneos, acude a una audición convocada por Rodolfo Mederos, para formar su nueva orquesta típica.Pero el trajinado bandoneón de la muchacha está deteriorado, y el propio Mederos le sugiere la necesidad de conseguir un instrumento que esté a la altura del compromiso. Marina, entonces, sale a la impetuosa búsqueda de un mítico Doble A, el Stradivarius de los bandoneones. Su búsqueda se convierte en una travesía a través de antiguas lutherías, de los bailes de la ciudad, de los “maestros” de tango y, sobre todo, de las viejas glorias del bandoneón.Mientras prosiguen los ensayos, el maestro Mederos también ha estado avanzando en su propio sueño.Y todo estalla en un final a puro tango, con las parejas bailando al compás de la orquesta típica, haciendo de marco al conjunto de los seis veteranos bandoneonistas rescatados para esta apoteosis musical y popular.

Un documental muy seductor y cálido. Es una mirada a la música del tango tal cual es por parte de Alejandro Saderman (en su tercer largometraje) con buena música, historias y gente. Marina, es una tímida intérprete del bandoneón, de música callejera y madre soltera que audiciona para una nueva orquesta que está siendo organizada por el afamado compositor y bandoneonista Rodolfo Mederos.
Marina toca bien, pero Mederos le dice que debe reemplazar su deteriorado instrumento específicamente por un Doble A, un bandoneón equivalente al Stradivarius. Esto parece más fácil de lo que es: ningún nuevo Doble A se ha fabricado desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Los personajes que Marina encuentra en su búsqueda son la sustancia de la película. Estos incluyen a un grupo

de veteranos (Gabriel Clausi, Marcos Madrigal. Luis Masturini, Miguel Mastantuono y Luis Aníbal) que se reúnen los sábados para ofrecer su homenaje a los viejos maestros de tango (estos viejos merecen ellos solos un documental), y un japonés, ex cantante de rancheras, que compra bandoneones y los envía a su país. También se diferencian las milongueras de salón a las de escenario que en la película queda muy claro que lo representa ser bailarina o bailarín. Ellas se aprontan de una manera muy singular pero muy enserio (hasta para ir a bailar un día de semana a cualquier milonga de club de barrio). Muchos de ellos enseñan ahí , otros viajan a Europa a enseñar el baile de salón y no el del escenario que tiene muchos “boleos” y “sacadas” lo que no gusta mucho a dichos personajes. En la película un personaje expresa que para ellos el Tango es lo más seguro que hay, ya que no es importado de Europa.
Estos personajes, y otros, muchos de la edad de oro del tango de los años Treinta y Cuarenta son filósofos del Tango, cuyas historias son fascinantes. Lo que surge es una breve y apasionada historia social, cultural e incluso técnica del tango. Mientras tanto, Marina trabaja en bares y toca con una banda punk surrealista para juntar dinero, hasta que finalmente logra comprar el último bandoneón en una casa de remates, tras una larga puja. Dicen que los ojos son el reflejo del alma, los ojos de Marina sin duda reflejan Tango.

El Ultimo Bandoneón es un documental emocionante, emotivo y espontáneo similar a Buena Vista Social Club. Todos los personajes de este documental son interpretados por ellos mismo, en todos los casos su vida debida al Tango y a la pasión que esa música que logró sobrevivir tras años que no le fueron tan nobles. El Tango para algunos extranjeros con los que pude hablar lo viven como algo único, como por ejemplo con una magia parecida a la del samba brasileño.
Pero lo mejor se guarda para el final, con el primer concierto de la formidable orquesta de tango de Rodolfo Mederos, ofreciendo una actuación estilo Buena Vista de los veteranos bandoneonístas. Es un viaje impetuoso y emotivo que demuestra que el Tango sigue vivo como fuerza cultural.

A título informativo y un poco por fuera del film, cada vez son más los sitios en Montevideo donde los aficionados aprenden, bailan y escuchan tango. Hasta se ha creado la semana del Tango. Hoy se ofrece una gran lista en el mercado de institutos, boliches con show de tango en vivo y milongas para que vaya preparando el traje y la gomina. Y en el caso de las chicas el moño en el pelo, la pollera y las medias de red y los zapatos de charol.
El Tango no surge con bandoneón, sino con guitarra, violín y piano, dicen los que saben que el propio tango fue quien salvo al bandoneón (es un instrumento musical un poco más pequeño que el acordeón a piano) de su decadencia, contrariamente hoy se relacionan directamente el uno con el otro. A principios de siglo el Tango se bailaba entre hombres y luego en prostíbulos. Mi bisabuela por los años 30 lo bailaba en clubes en San Carlos ya aceptados por la sociedad como si fuera hoy la música que bailamos en un boliche. Lo mismo ocurría con las orquesta donde casi ninguna mujer aparecía, son pocas las cantantes de Tango mujeres de esa época y ni hablar de milogueras.
Pero la movida tanguera en Montevideo ha resurgido hace ya unos años. En los últimos años, muchos uruguayos jóvenes y no tanto, se acercaron a bailar y aprender de la tradición del dos por cuatro. En respuesta a tal convocatoria, las milongas, los espectáculos y las escuelas de tango proliferaron en la ciudad.Con la flor en el ojal y gomina en el "balero", los primeros tangueros "pateaban" las callecitas que los distanciaban de la milonga. Aunque más que un lugar, la milonga rioplatense es un evento que admite cambios de escenario: desde un bar hasta un club de barrio o un café pueden oficiar de auténticas pistas de tango.

"El tango es un pensamiento triste que hasta se puede bailar", definió Enrique Santos Discépolo; aunque no sólo de melancolía se forma el moderno tanguero.
En la milonga, el baile se organiza en tandas de cuatro o cinco tangos, ejecutados generalmente por la misma orquesta. Los estilos son tres: vals de tango, tango y milonga. Si el milonguero sabe de los códigos puertas adentro de la milonga, la regla dice que debe ir bañado, perfumado y, dentro de lo posible, bien trajeado. De allí proviene la costumbre de la chaqueta o, cuando el calor apremia, del chaleco. Se trata de otra capa para proteger a la dama del contacto con su compañero
El homenaje al dos por cuatro no conoce de límites y, aunque el propio Borges insista que: "Sin calles ni atardeceres de Buenos Aires no puede escribirse un tango", los montevideanos y montevideanas responden a estas propuestas participando de las milongas y los espectáculos cual porteño de los años cuarenta. Claro que los más jóvenes se atreven a reducir la gomina y cambiar el charol de los zapatos por cualquier par que les permita "sacarle viruta al piso".
Creo que esto es más que una película, son experiencias de vida, es el sentir latir el corazón más fuerte cuando suenan los primeros acordes de una orquesta típica, o ves alguna pareja bailándolo en una plaza o reparando algún instrumento en un local no muy limpio por el Centro de Montevideo o escuchas hablar de Gardel. O en mi caso la primera vez que me calcé mi primer par de zapatos y baile mi primer Tango...